El Mediodía francés estaba, a comienzos del siglo XIII, dividido en varios territorios no controlados directamente por la dinastía Capeta, territorios capitaneados por el condado de Toulouse, en los que Aragón tenía una notable influencia y que, a la vez, eran uno de los objetivos prioritarios de la monarquía francesa en el camino hacia la unificación territorial del reino. Desde finales del siglo XII, se había extendido y afianzado por ellos la herejía albigense
UN POCO DE HISTORIA
Tal día como hoy de 1213, se produjo en Muret (en la actualidad comuna del departamento del Alto Garona, en la región Midi Pyrénées) una batalla que enfrentó al Reino de Francia y a la Corona de Aragón. El desenlace: Victoria clamorosa de los cruzados franceses que infringieron una severa derrota a los aragoneses, matando, incluso, al Rey Pedro II, apodado "El Católico".
El Mediodía francés estaba, a comienzos del siglo XIII, dividido en varios territorios no controlados directamente por la dinastía Capeta, territorios capitaneados por el condado de Toulouse, en los que Aragón tenía una notable influencia y que, a la vez, eran uno de los objetivos prioritarios de la monarquía francesa en el camino hacia la unificación territorial del reino. Desde finales del siglo XII, se había extendido y afianzado por ellos la herejía albigense
, desviación religiosa que pretendió erradicar el papa Inocencio III, quien, tras fracasar por la vía pacífica (mediante la Orden de Predicadores), organizó una cruzada militar, mandada por Simón de Montfort
. Ramón VI de Toulouse, en cuyas tierras tenían lugar los hechos, solicitó la ayuda de su cuñado Pedro II
, rey de Aragón, que acudió con sus tropas. Aragoneses y cruzados se enfrentaron en Muret (12-IX-1213), muriendo en la batalla el aragonés. La desaparición de Pedro II significó el final de la expansión ultrapirenaica aragonesa y el comienzo de la reunificación capeta en el Mediodía francés.
El Mediodía francés estaba, a comienzos del siglo XIII, dividido en varios territorios no controlados directamente por la dinastía Capeta, territorios capitaneados por el condado de Toulouse, en los que Aragón tenía una notable influencia y que, a la vez, eran uno de los objetivos prioritarios de la monarquía francesa en el camino hacia la unificación territorial del reino. Desde finales del siglo XII, se había extendido y afianzado por ellos la herejía albigense
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