Pablo Uriel pudo ser un radiólogo más que ejercía en A Coruña. Una vida al oeste de la península que no tenía demasiado de casualidad. En todo caso, que allí se enamoró de su esposa. Esa parte del guión casual no significa, en cambio, que agotar el calendario en esa ciudad de provincias no fuera, en realidad, una huída interior que, finalmente, también hubo de ser física. Huir de Zaragoza, donde nació, donde fue preso político que temió ser fusilado al alba; huir de Rincón de Soto, el pueblo donde ejercía como médico a sus 22 años y donde le pilló el estallido de la Guerra Civil. Huir de todos los sitios que avivarán la memoria del sufrimiento de los proscritos. Él, hombre de izquierdas, militante, joven, idealista, ajeno aún a la maldad de hombre y sobre todo a cómo esta se cataliza en algunos.
https://despuesdelhipopotamo.com/2017/04/19/no-se-fusila-domingo-dr-uriel/



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