Empezaré con la anécdota que relata David Benito en su libro "Historias de la Prehistoria". Aunque creo que hice mención a ella hace unos meses y aprovechando que la semana pasada os hablaba de los iluminados terraplanistas (nunca mejor dicho, pues demuestran que la Tierra es plana con una linterna y dos agujeros), me viene al pelo para tratar el tema de hoy, la de los visionarios creacionistas. Pero, sigamos con el principio de esta entrada. David, junto a un grupo de colegas que visitaban el Museo Nacional de Antropología de México, se paró junto con uno de ellos frente a un expositor donde se exhibía la reconstrucción de un macho y una hembra de humanoides bípedos y estando observando las réplicas, su colega le espetó: ¡Yo no vengo de allí! ¡Yo vengo de Adán y Eva! y se largó sin más. Benito, con gran sutileza y para no llamarlo sectario, dijo que aquel compañero tenía fuertes creencias religiosas muy arraigadas y que, por tanto, no creía en la evolución, sino que era partidario de creacionismo.El creacionismo defiende la creencia de que Dios creó el universo, la Tierra y las formas de vida existentes. Los creacionistas creen en la historia contada en el Génesis; que Dios creó en seis días todas las cosas y que el hombre fue hecho a su imagen y semejanza y todos descendemos de Adán y Eva, que tenían el mismo aspecto que nosotros ahora. También cifran la creación en unos 20.000 años.
En las culturas precolombinas, judeo-cristianas e islámicas, la respuesta sobre la fuente del cosmos y de la vida humana está en un dios.
Creacionistas los hay de varias corrientes, desde puristas hasta pro-evolucionistas, aunque estos últimos son, hasta ahora minoritarios dentro de los dogmáticos.
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