El 6 de marzo de 1939, Franco, al ser informado que el general Barrionuevo se había hecho con la ciudad de Cartagena, que el coronel Galán, el máximo dirigente republicano, había sido detenido y sabedor de que la flota republicana había abandonado su puerto para refugiarse en Túnez, envió 25.000 hombres embarcados en treinta buques desde Castellón y Málaga, pusieron rumbo a Cartagena donde, supuestamente, todo estaba controlado. A lo largo de la travesía, el “Castillo de Olite”, un navío lento, se fue quedando sólo y sin comunicaciones a bordo. Surcaba las aguas levantinas con una sensación de victoria: Cartagena estaba prácticamente rendida, Francia e Inglaterra ya reconocían el gobierno de Franco y Negrín estaba a punto de traspasar la frontera de los Pirineos.
Pero la situación en Cartagena da un giro de 180 grados durante la breve travesía de la expedición. Una unidad de élite republicana (la Brigada 206) se había llegado a la ciudad y se había apoderado otra vez de ella y, enterado de ello Franco, informó que las baterías de costa estaban en manos enemigas. Todos pudieron reaccionar a tiempo, excepto el “Castillo de Olite” que en ese momento no tenía ningún tipo de comunicación y continuó ingenuo la navegación.
Baterías de La Parajola
El 7 de marzo el barco arribaba al puerto de Cartagena, el estruendoso entusiasmo de sus 2.112 soldados y sus cánticos alcanzaron los oídos de los republicanos apostados en las baterías de costa. Comenzaron los disparos, impactando tres de ellos alcanzando el puente y el almacén de la munición de combate (la santabárbara) del buque. El “Castillo de Olite” reventó por dentro y en dos minutos se hundió bajo el Mediterráneo.
De los 2.112 hombres que había a bordo, 1.476 murieron, 342 fueron heridos y 294 fueron hechos prisioneros en Fuente Álamo de Murcia, siendo el mayor número de víctimas mortales en el hundimiento de un solo buque en la historia de España.


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