Si vas a Calatayud, quizá veas a "La Dolores" (el monumento o el mesón); lo que seguro vas a poder contemplar son los congrios secos que cuelgan o se exponen para la venta en varios comercios de alimentación. Es raro que un pescado como el que hablamos llegue a tierra adentro; sin embargo, en la ciudad bilbilitana, se tiene constancia de él desde 1446.
Por entonces, se daba en Calatayud una importante industria soguera, pues suministraba maromas y cabos a la mayor parte de puertos españoles.
Cuando los bilbilitanos iban al puerto de Muxía (La Coruña) a cerrar sus tratos comerciales, regresaban bien cargados, ya que en esta localidad de la Costa da Morte descubrieron a los artesanos del congrio. Pero había un problema: el tener que transportar un producto fresco y por lo tanto, perecedero. De ahí que Muxía contara con un gran número de secaderos para el congrio, de esa manera a los gallegos se les ocurrió que con este proceso, el congrio llegaría apto para el consumo a Calatayud sin importar el tiempo que durase el transporte.
Durante muchísimo tiempo fue una de las pocas formas de incorporar el pescado a la dieta en pueblos alejados del mar y cubría la necesidad de los cuarenta días de pescado en Cuaresma.
Pero el progreso llegó, y con él el desarrollo de las comunicaciones terrestres, produciendo un declive en la industria de la soga, y por ello en Calatayud, el congrio dejó de consumirse en grandes cantidades, aunque, ahora, siga la tradición, solo en ocasiones.
En "Casa Pascualillo", en el Tubo zaragozano, lo ponen con garbanzos (en la imagen, Guillermo Vela, el dueño del bar-restaurante, con una pieza de grandes dimensiones).


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