Últimamente he visto una serie islandesa y ayer, una película, nada del otro mundo, salvo los paisajes . En esta última, el detective pide en un establecimiento de comida rápida, sin bajarse del coche, una cabeza de cordero. Posteriormente, se ve al inspector como con los dedos saca el ojo de la cabeza y se lo mete en la boca, vamos como en Aragón y otros sitios. Resumiendo, los islandeses, descendientes de los vikingos, se las tienen que ingeniar para conservar los alimentos y, en este caso, ahúman la cabeza y luego la cuecen, es el llamado:
Svið (cabeza de oveja): En Islandia, toda la cabeza de la oveja o cordero se come, pero no los sesos. Muchas tiendas en Islandia venden diferentes versiones de Svið como una comida precocinada. Se suele servir con puré de patatas y nabo.
Otra especialidad, quizá la más tradicional y de procedencia normanda, sea el tiburón fermentado:
Trozos de tiburón y aguardiente de patata y alcaravea para pasar el putrefacto bocado
El hákarl no es sólo un simple plato de la cocina tradicional islandesa a base de tiburón descompuesto, sino uno de los platos más apreciados de su gastronomía.
Uno debe esperar un ataque completo en las fosas nasales de un olor putrefacto que recuerda a queso podrido mezclado con amoniaco.
Si sobrevives al olor de la mordaza, ya puedes sentirte lo suficientemente valiente como para intentar probar esta carne de tiburón fermentada.
Esto suena altamente desalentado para los forasteros, sin embargo, si te atreves a probarlo, puedes estar seguro que vas a torturar el paladar consumiendo lo que es quizás la cosa más inimaginable rancia del planeta tierra.


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