La aludida causa de beatificación regia no es nueva, ya fue interrumpida por Roma hace un puñado de años, con diversidad de argumentos que entonces parecieron más que suficientes a los señores curiales. Elevar al honor de los altares a la Reina -Su Majestad la Católica” por antonomasia- desvinculada de su esposo Fernando, -“monta tanto, tanto monta Isabel como Fernando”- no parecía procedente, ni de buen gusto “católico”.
La Bula “Sic convenit”, que declaró “católicos a los Reyes Católicos y a sus sucesores, fue firmada por Alejandro VI –el papa Borgia- en el día 19 de diciembre del año del Señor 1496, alegando estos hechos: ”Por la pacificación de los reinos de España, la conquista de Granada, la expulsión de los judíos, la defensa de los intereses pontificios de Nápoles y Sicilia y el norte de África”. (Curiosamente, en la Bula no se citan ni el descubrimiento, ni la evangelización de las tierras transoceánicas, algo verían el papa y sus adláteres para no mencionar esta cuestión).
El autor sigue diciendo que Isabel no tiene méritos para ser elevada a los altares, pese a que todas sus acciones fueran encaminadas al servicio de Dios (evangelización americana, cruzada contra el reino de Granada...) o por razones de estado (establecimiento de la Inquisición, expulsión de los judíos).
Frente a estos argumento, hay voces contrarias, como la de Lourdes Méndez, diputada de Murcia por Vox que aboga por la canonización por haber extendido la fe católica y entregado su vida a Dios.



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