LOS TESTAMENTOS DE FERNANDO II DE ARAGÓN




Fernando (en la imagen), el cuarto hijo  de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo, nació en el palacio arzobispal de Alcalá de Henares el 10 de marzo de 1503. Su abuelo Fernando (II de Aragón) lo consideró su nieto preferido, y jugó un papel importante en los momentos sucesorios, aun cuando, por razón de su edad, bastante pasivo. En efecto, el joven don Fernando concitó esperanzas y ambiciones. Su educación y formación fue exclusivamente española, contrastando con la de su hermano primogénito Carlos —que fue flamenca, bajo la tutela efectiva de su otro abuelo, Maximiliano I de Austria-.

La afición que por él experimentaba el Rey Católico quedó puesta de manifiesto en su primer testamento realizado en Burgos el 2 de mayo de 1512 en el que le dejaba por gobernador de sus reinos, pues estaba seguro de que su hermano Carlos no volvería nunca de Flandes.

El rey Fernando, residiendo en Medina del Campo en 1513, se puso enfermo de gravedad.. Logró salvarse, pero no quedó indemne y su convalecencia fue larga y deprimente. El de Sos, durante la segunda regencia de Castilla, se había ido alejando de Aragón, hasta el punto de, prácticamente, no visita el reino. Los asuntos castellanos internos y en el exterior, ocupaban todo su tiempo. Fue en este tiempo, cuando el rey dictó el segundo  testamento en Aranda de Duero tal día como hoy de 1515 y en el que reincidía en estos puntos de vista, y en su cláusula 30ª le confiaba el gobierno de los reinos de Aragón en ausencia de su hermano don Carlos, y en la 32ª, bajo las mismas condiciones, el gobierno de Castilla.
Fernando II, que había estado por última vez en su vida en Calatayud durante los meses de septiembre y octubre para recaudar fondos, sin conseguirlos, se fue muy decepcionado de sus súbditos aragoneses, lo que le ocasionó gran melancolía y mermó más, si cabe, su frágil estado de salud.


Casa donde murió Fernando II (Madrigalejo, Cáceres)

Regresó a Castilla y ya en Madrigalejo (Cáceres), el día 22 de enero de 1516, dictó el tercer testamento en el que, de forma asombrosa, y muy a su pesar, la figura del infante don Fernando desapareció salvo para la concesión de determinadas rentas, quedando nítidamente expresada la plena autoridad del príncipe don Carlos sobre reinos y maestrazgos, y nombrados como regentes, hasta su llegada a las Españas, los arzobispos de Toledo, el cardenal Cisneros, y el de Zaragoza y Valencia, su hijo Alonso de Aragón.
Esta decisión evitó el fraccionamiento de España, aunque luego Carlos tuviera que bregar contra los comuneros y las germanías.


Fernando a los 18 años de edad (obsérvese el prognatismo propio de los Austrias)

Fernando II murió el 23 de enero y su nieto Fernando sería enviado por su hermano Carlos a Flandes confiándole gobiernos en Alemania, responsabilidades en Bohemia y Hungría, y convirtiéndolo en su alter ego en los asuntos germánicos. Nunca más volvió don Fernando a su tierra natal.

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