Los últimos años de la dictadura franquista se caracterizan por una auténtica ebullición de la vida social y cultural de la ciudad, encaminada fundamentalmente hacia el logro de libertades políticas. Aparecen nuevas publicaciones periódicas, en ocasiones con un notable grado de compromiso político y social (Aragón Express, Andalán?). Tras la muerte de Franco son frecuentes las movilizaciones ciudadanas para plantear diversas reivindicaciones, y se convocan manifestaciones que suponen auténticos hitos en la Transición zaragozana: el rechazo al trasvase del Ebro y la demanda de autonomía plena para Aragón (en la imagen, la manifestación del 23 de abril de 1978 que reunió a más de 100.000 personas).
En 1979 se celebran las primeras elecciones democráticas en España desde 1931. En Zaragoza el triunfo en las urnas corresponde al PSOE, y el primer ayuntamiento democrático de la ciudad desde 1936 es encabezado por Ramón Sáinz de Varanda (en la imagen). La dotación de servicios y áreas de esparcimiento para los ciudadanos, no contemplada en el rápido crecimiento de la ciudad durante las últimas décadas del siglo XX, se convierte en la principal preocupación de la nueva corporación, que va a iniciar medidas para intentar paliar estas carencias. La conservación y revalorización del casco histórico de la ciudad, una de las zonas más degradadas, se convierte en otra de las prioridades municipales: se plantean proyectos de rehabilitación o remodelación de diversos monumentos y edificios (Puente de Piedra, murallas romanas, la Lonja, etc) y gran número de plazas (la polémica remodelación de la Plaza del Pilar es un buen ejemplo). Entre los logros conseguidos en esta etapa democrática está también la habilitación de diversos espacios y edificios para uso y servicio de la ciudadanía: centros cívicos, polideportivos, áreas de esparcimiento, zonas verdes o la construcción del Auditorio de Zaragoza son algunos ejemplos.
Paralelamente, problemas actuales, como la autonomía y la lucha por el agua, la emigración rural juvenil, la inmigración y el envejecimiento de la población, que afectan a todo Aragón, se acentúan en Zaragoza a partir del fenómeno de macrocefalia territorial personificado por la ciudad.
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