Esta golosina natural era monopolio en nuestra infancia de Ángel Cotela; él era el que nos vendía el regaliz a los chavales a un módico precio, siempre dependiendo del calibre del palo. Era nuestra chuchería cotidiana y todavía recuerdo el dulce sabor que salía de aquel tronquito masticable.
Tengo que reconocer que de vez en cuando, compro este producto, más para los guisos que para tomarlo. De todas formas, para mí, el mejor es el de Mercadona y, entre los más caros el Aneto. Javier Rada analiza en el enlace de arriba qué cualidades debe tener un buen caldo.


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