EL ACCIDENTE FERROVIARIO DE GRISÉN

 


El 10 de febrero de 1.965 tuvo lugar uno de los accidentes ferroviarios más graves de la época. A las seis de la mañana de aquella fatídica noche, una de las últimas unidades del tren correo procedente de Madrid con destino a Barcelona salió ardiendo por causas aún desconocidas, propagándose el fuego con gran rapidez a los otros dos vagones cercanos.

Los últimos vagones eran de tercera clase y, en aquellos años, estas unidades se construían de madera. Quizás ese fue uno de los motivos que, junto con la velocidad del tren y el cierzo, que aquella fría noche soplaba con fuerza, hicieron que en escasos minutos quedaran calcinadas las tres últimas unidades del convoy.


Al parecer, el fuego se inició entre las estaciones de Grisén y Pinseque ( Zaragoza) y, según una nota oficial emitida por Renfe, "....sin duda, por haber cundido el pánico entre los viajeros, han perecido treinta personas y han resultado heridas treinta y tres". Datos que no concuerdan con lo declarado por los supervivientes del incendio, que creen que el número de fallecidos rondaría el centenar y contabilizaron en torno a 50 heridos.

El tren circulaba con un 90% del pasaje, según confirmaron los viajeros que sufrieron el accidente. Y, según Renfe, los vagones de tercera registraban un 42% de ocupación. Otro dato del que discrepan los supervivientes ya que, según explican, aquella noche todos los compartimentos (8 por vagón con 8 asientos cada uno) iban completos y, además, había pasajeros a pie en el pasillo y otros sentados sobre sus maletas.

Todo lo que rodea a este accidente ferroviario fue, y es aún hoy, 68 años después, un misterio.

Una pareja de guardias civiles que viajaban como escolta y otro miembro de la Benemérita, a los que se les unieron algunos pasajeros, se dedicaron de inmediato a intentar salvar a cuantos pasajeros fuera posible poniendo sus vidas en peligro,

Según uno de los guardias que viajaba en uno de los vagones siniestrados y que iba a Extremadura de permiso, "Aquello era un cao, la gente chillando, aterrorizada, intentando salir todos a la vez, cayéndose en los pasillos. Unos no querían salir sin sus equipajes, otros intentaban de nuevo entrar a recoger sus enseres y bultos, pues la mayoría eran personas que se desplazaban buscando trabajo en otras regiones y en esos equipajes iban sus vidas y sus ilusiones", 


Este joven guardia civil (en la imagen) estuvo 15 días en coma en el Hospital de Zaragoza como consecuencia de la última acción que realizo para salvar a una anciana y len la que fue herido de gravedad.  La recuperación duró 6 meses. Los injertos le han permitido salvar sus manos, aunque aún se notan bastante las huellas de las intervenciones. Fue recompensado con numerosas distinciones y condecoraciones.

Cincuenta años después de la tragedia, el Alcalde de la localidad de Grisén, Don Juan Millán, quiso rendir un homenaje a las víctimas de aquella noche trágica y agradecer públicamente la labor de aquellos que, sin pensárselo un segundo, acudieron a salvar del fuego a todos los viajeros que fueron capaces.



Este alcalde consiguió reunir a dos centenares de personas, muchas de otras regiones, que sufrieron aquella tragedia, e incluso familiares de fallecidos o desaparecidos. Hubo una misa para pedir por sus almas. En el cementerio y en la fosa común donde reposan los que sucumbieron aquella trágica noche se colocó un monolito con una placa, recordando a los que allí descansan.
Posteriormente, y en el Ayuntamiento de la localidad, se homenajeó a aquellos que con su heroica actuación consiguieron reducir el número de accidentados.


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