TEXTO DE DIEGO CAÑAMERO


 El otro día, mientras paseaba por el campo, vi una besana sembrada de habas y se me vino a la memoria algunos acontecimientos ocurridos alrededor de estas legumbres.

Las habas quitaron mucha hambre en los tiempos de la Dictadura Franquista.
Muchos jornaleros y jornaleras tuvieron que ir a los calabozos de los ayuntamientos franquistas por ser pillados con una talega de habas para comer.
En mi pueblo, El Coronil (Sevilla), según cuentan nuestros mayores, había un Guardia Civil, al que le llamaban "Barcia" que, a media mañana, solía visitar las casas de la gente pobre para ver si estaban cocinando habas, y todo el que tenía esa legumbre en la olla, se las tiraba al suelo.
Las décadas de los años 40, 50 y 60 fueron durísimas para la Clase Obrera de todo el Estado, pero sobre todo en Andalucía, y peor aún en el medio rural.
Las escuelas siempre estaban vacías, en las temporadas de la recolección de algodón y aceitunas cerraban sus puertas, los niños/as dejaban los trompos y las muñecas de trapo de jugar para convertirse en obreros y obreras.
Las habas fueron testigos de unas manos rotas y hambrientas que a escondidas acariciaban su vainas; ellas, con sus propiedades alimenticias hacían entrar en calor a muchos cuerpos desnutridos que el franquismo los abocó al hambre y la miseria.

(En Bardallur, según se refleja en algún pleno de Ayuntamiento de los años 30 del siglo pasado, la multa que se imponía al que guardia cogía algo del campo era de 2 pesetas).

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