En esta imagen histórica de principios del siglo XX, capturada desde la calle del Asalto, podemos ver la Plaza de San Miguel de Zaragoza, con la imponente Puerta del Duque de la Victoria y la icónica iglesia de San Miguel de los Navarros al fondo. Este rincón de la ciudad, lleno de vida y tradición, ha sido testigo del crecimiento y los cambios de Zaragoza a lo largo de los siglos.
La puerta del Duque de la Victoria (título ostentado por el general Espartero) se erigió (1854) con ladrillos deprisa y corriendo para celebrar la apertura del ferrocarril Madrid-Zaragoza y para que pasase por ella el militar tras el "abrazo de Vergara". Al poco, se derrumbó siendo motivo de mofa y escarnio por zaragozanos y foranos. Se decidió levantar otra (1861) con materiales nobles y herraje adecuado, pero pronto empezó a ser un estorbo por el avance de la ciudad y fue derribada en su totalidad en 1919. En la actualidad y, desde 1998, una pintura mural recuerda la famosa puerta.
La iglesia de San Miguel, con su imponente torre mudéjar, destaca como una de las joyas arquitectónicas del patrimonio aragonés. El origen de la misma fue una ermita construida tras la reconquista de la ciudad por Alfonso I en el año 1118. Gran parte de las tropas del rey Alfonso I eran navarros y atacaron la ciudad por la zona donde se encuentra actualmente la iglesia y cuenta la tradición, que un milagro de San Miguel hizo posible la victoria y en su honor se levantó la primitiva ermita.
En el siglo XIV se produce la transformación mudéjar de la iglesia y en el siglo XVII se realiza una ampliación y reforma barroca. Su torre mudéjar fue rematada en el siglo XVIII con el chapitel de hierro que la corona.


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