DON QUIJOTE EN ARAGÓN (5)
"Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines? Andad en hora buena, y en tal se os diga: volveos a vuestra casa, y criad vuestros hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando por el mundo, papando viento y dando que reír a cuantos os conocen y no conocen. ¿En dónde, nora tal, habéis vos hallado que hubo ni hay ahora caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades que de vos se cuentan?
A lo que Don Quijote, "con semblante airado y alborotado rostro y temblando de los pies a la cabeza como azogado, con presurosa y turbada lengua" le replicó con un discurso tan demoledor que hicieron que el cura, ante la defensa de Sancho y del duque, opta por largarse ante las razones que exponen y se despide diciendo:
-"Por el hábito que tengo, que estoy por decir que es tan sandio Vuestra Excelencia como estos pecadores. ¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras! Quédese Vuestra Excelencia con ellos; que, en tanto que estuvieren en casa, me estaré yo en la mía, y me escusaré de reprehender lo que no puedo remediar".
Previamente, el duque le había ofrecido a Sancho la gobernancia de una ínsula que él tenía en el río Ebro.
Una vez se hubo ido el eclesiástico, Don Quijote suelta una perorata sobre ofensas y defensas, agravios y desagravios, afrentas y sobre quiénes pueden ofender o no, concluyendo que niños, mujeres y "los constituidos en la sacra religión" no ofenden ni afrentan.
Si queréis saber cómo continúa el capítulo:
http://spanisharts.com/books/quijote/2capitulo32.htm
ESTRUJA TU MENTE
En una bolsa hay 11 bolas, de las cuales 8 son rojas, 2 son azules y una es negra.
¿Cuál es el número mínimo de bolas que una mano inocente debería extraer para obtener, con total seguridad, dos bolas del mismo color?
¿Cuál es el número mínimo de bolas que una mano inocente debería extraer para obtener, con total seguridad, dos bolas del mismo color?
OMISIÓN
Me vais a perdonar, pero hoy no voy a publicar nada que haga referencia al día de ayer en España, políticamente hablando. Estoy pelín cabreado.
DON QUIJOTE EN ARAGÓN (4)
En el capítulo anterior dejamos a Don Quijote y resto de personajes dirigiéndose hacia la casa de placer o castillo de los nobles. En un determinado momento, el duque se adelanta a la comitiva para dar instrucciones al servicio de cómo había que tratar a D. Quijote. Al llegar a las puertas de la casa salieron a recibirlos criados vestidos de raso carmesí y, al entrar en el patio, dos hermosas doncellas echaron sobre los hombros del hidalgo un manto de finísima escarlata y, filas de criados decían a grandes voces:
-¡Bien sea venido la flor y la nata de los caballeros andantes!
Don Quijote se sentía, por primera vez, un verdadero caballero andante verdadero y no fantástico. Mientras, Sancho, que ha dejado el burro en la entrada, se dirige a una reverenda dueña para solicitarle que le cuide al rucio y lo lleve a las caballerizas. (Aquí se produce un toma y daca entre la dueña y el escudero que recomiendo leáis en la dirección de abajo). Ante la plática, van interviniendo la duquesa, Don Quijote y el duque, que zanja la cuestión y da orden de que guarden al burro. Tras esto, suben a una gran sala ricamente adornada donde seis doncellas instruidas por el duque desarmaron al caballero y "quedó don Quijote, después de desarmado, en sus estrechos greguescos y en su jubón de camuza, seco, alto, tendido, con las quijadas, que por de dentro se besaba la una con la otra; figura que, a no tener cuenta las doncellas que le servían con disimular la risa -que fue una de las precisas órdenes que sus señores les habían dado-, reventaran riendo". Quieren desnudarlo y ponerle una camisa, pero el se niega a ello, aunque accede a que sea Sancho el que lo acompañe a hacerlo en una cuadra de la casa. Allí, Don Quijote recrimina a su escudero por el asunto de la dueña y lo alecciona para que no meta más la pata. Sancho le promete coserse la boca y morderse la lengua. Doncellas y pajes acompañan a los manchegos al comedor donde les estaban esperando los duques y un clérigo "destos que gobiernan las casas de los príncipes". Una vez dirimido el sitio para sentarse, Sancho pide permiso para contar un cuento que recomiendo lo leáis en el enlace de abajo.
http://www.spanisharts.com/books/quijote/2capitulo31.htm
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