
1739, se produjo el matrimonio por poderes entre Pedro Pablo Abarca de Bolea Ximénez de Urrea y Pons de Mendoza, duque de Almazán y futuro X conde de Aranda, y Ana Mª del Pilar Fernández de Híjar y Portocarrero Funes de Villalpando, cuarta hija del VIII duque de Híjar.
Las capitulaciones matrimoniales se habían firmado en Madrid el día 7 de julio de 1738. El matrimonio se contrajo
in facie Ecclesiae en la villa de Mascaraque (Toledo). Pedro Pablo, que entonces contaba con 19 años, dos menos que la novia, se encontraba por aquel entonces guerreando en Italia y se nombró poderhabiente al hermano de la novia Joaquín Diego, IX duque de Híjar, que más tarde se casaría con Mª Engracia, hermana mayor de Pedro Pablo. El 21 de marzo se ratificó el matrimonio, pero los novios no se vieron hasta 1740. Al año siguiente, nació en Zaragoza, para no perder los privilegios de Rico-Hombre de Aragón, el heredero, Luis Augusto, que, tristemente, murió a los 14 años. Se quedó la Casa de Aranda con esta desgracia sin descendiente varón, pues el otro vástago de los condes era su hija Mª Ignacia que quedó como heredera. Pedro Pablo andaba en litigios con el conde de Fuentes por unos marquesados y se les ocurrió que podían limar asperezas y solventar el problema casando a sus hijos, como así fue, aunque al hijo del conde de Fuentes, José Pignatelli y Gonzaga, marqués de Mora, no le gustara mucho la Ignacica, pues era debilucha, muy morena y con los dientes hechos mixtos. es decir, totalmente podridos. Pero esta es otra historia que contaré mañana o pasado.