Aunque no me prodigaré mucho, intentaré colgar alguna que otra cosilla, pese a estar postrado en una cama hospitalaria. Me he acordado del poema de Góngora y he adaptado una estrofilla:
"Amarrado a una dura cama
de una institución sanitaria,
ambos brazos con viales
y ambos ojos en la nada..."
En fin, he tenido un problema renal que me están tratando con toda la profesionalidad del mundo y que espero se resuelva pronto.
La decisión tiene solo un valor simbólico por ser una proposición no de ley, pero es la primera vez que el Pleno del Congreso toma esta decisión. Ya lo hizo la Comisión Constitucional el pasado 8 de marzo, entonces con el voto a favor de todos los grupos y el voto en contra del PP.
Mantener una democracia fuerte requiere de muchos equilibrios. Y la justicia, punto central en ese juego de contrapesos, ha de ser tratada con especial cuidado y hasta mimo.
Como el fiscal anticorrupción Manuel Moix, ya pillado en más de un vergonzante renuncio y descubiertos sus juegos de manos para intervenir en los casos que afectaban al PP, y ahí tienen a Ignacio González y sus amigos. Más de diez años llevaba en Madrid y jamás pilló a ningún corrupto, cuando los había a patadas por metro cuadrado.El PP de Rajoy y sus ministros del Interior y de Justicia -extraños vasos comunicantes- han acabado con el prestigio y respeto que la sociedad adjudicaba a jueces y fiscales. Ya nadie cree que un fiscal general como José Manuel Maza, entronizado a martillazos en su cargo por el Gobierno, pueda jugar ese papel de independencia que debería guiar sus acciones.
Ambos, Maza y Moix, al igual que el presidente del Constitucional o del Supremo, bien arropados por el ministro de Justicia, Rafael Catalá, un prodigio en la depurada profesionalidad de sacudirse las pulgas.
Testimonios de paralización de las actividades laborales se pueden encontrar en todas las épocas, pero el hecho de la huelga como arma defensiva y ofensiva de trabajadores organizados con conciencia de clase es relativamente reciente. En Aragón hay noticias de paros de trabajadores respaldados por exigencias económicas y políticas desde 1855 y desde los primeros años de la década de los 70 del siglo XIX. Pero la primera huelga efectiva por su generalidad y eficacia, y por su significación de instrumento de lucha para los trabajadores, es la que se realiza para celebrar el Primero de Mayo de 1890: paran casi todas las industrias y la huelga se prolonga cuatro días al ser despedidos algunos obreros por faltar al trabajo el día 1, hasta el punto de que el día 3 de mayo, la capital aragonesa es «la única población de España en que la huelga está generalizada». El 1 de mayo de 1891, el gobierno de Cánovas del Castillo, para evitar huelgas y alteraciones, prohibió las manifestaciones del 1 de mayo. Muchas ciudades secundaron la prohibición, no así Zaragoza y Barcelona en las que la huelga se prolonga, sobre todo en la capital aragonesa, hasta el día 11, consiguiendo algunos obreros, en esta ocasión, la concesión de la jornada de ocho horas por parte de sus respectivas patronales.
Hace unos días compré una macetita de albahaca para usarla como condimento en una ensalada caprese y otros platos de la cocina italiana. MJ la trasplantó a un recipiente más grande y la planta creció y creció. Hoy, voy a emplearla en una salsa pesto para acompañar unos espaguetis. Primero vamos a hacer la salsa. En un mortero machacamos un par de dientes de ajo con 20 o 25 hojas de la aromática hierba, un par de cucharadas de piñones y un poco de sal gruesa para facilitar el proceso. A continuación, echamos parmesano y, poco a poco, AOVE, hasta formar una pasta no demasiado espesa. Hervimos la pasta en abundante agua con sal, la escurrimos y la servimos en los platos. Cada comensal pondrá la salsa a gusto en su correspondiente ración (unos 100 gm. por persona).