HIMNO NACIONAL


Cuando Madrid coreó «La Marsellesa» porque era el himno nacional español

CONTRA LA DESIGUALDAD


EMPIEZA EL CACHONDEO


SUSAN HOUSE (2)


 Ayer fuimos a Chiclana a comer en casa de Susana y Álvaro. Tuvimos problemas para llegar, pues hubo un accidente y las retenciones eran kilométricas. Al fin, tras una hora y media llegamos directamente a un bar que paramos siempre y que se llama "La Marisquería". Nos gusta parar, sobre todo, para saludar al "Joaqui", un cocinero del establecimiento que conocemos de cuando trabajaba aquí en El Puerto. Es un gran restaurante entodos los sentidos y el género que trabaja es de primerísima calidad. Todos los fines de semana se lena a tope y no es muy barato que digamos, pero la calidad se paga.
 Ya en casa de mi cuñado, Susana, magnífica y atrevida guisadora, nos obsequió con un magnífico arroz asiático...
 unas suculentas empanadillas de carrillera,
 un paté con queso de cabra y manzana excelente,
 una sabrosa tortilla de puerros y bacalao y...
 un extraordinario y exquisito cebiche de dorada.
Los dulces los llevamos nosotros de una pastelería polaca que hay debajo de casa. (Falta una trenza).

SUSAN HOUSE (1)






FLORENCE+THE MACHINE

Queen Of Peace 

HEREDITARY


El Nuevo Cine Extremista ya tiene su obra maestra

VIÑETAS

 www.elpais.com
 www.elmundo.es

 www.diariodecadiz.es
 www.elplural.com

www.abc.es

LA TIRA DE VERGARA


CARLA BRUNI

Miss You (Live Session)

https://www.youtube.com/watch?v=jU_BOfmmJ_0

LECTURAS

Cinco libros para superar el bochorno

http://www.notodo.com/libros-de-verano

HABILIDAD

-¿Qué nombre le has puesto a la rana?
-De Gea
-¿De Gea?
-Sí, ya verás.

¡AVISO!


ZARAGOZA BAJO LOS AUSTRIAS (2)

 EL SIGLO XVII.-


Tras el siglo de esplendor anterior, el XVII va a ser para España el paradigma de la crisis, tanto interna, como externa. Se trata de una centuria donde la acción política de nuestra tierra está articulada y dirigida por la Corona, si bien la presencia real en Zaragoza fue más bien escasa y contadas las visitas de Felipe III, Felipe IV y Carlos II a la capital. Es además un periodo de penurias a las que los ciudadanos de Zaragoza no permanecen ajenos, a pesar de la tranquila atmósfera que parece traslucir la Vista de Zaragoza pintada por el pincel de Velázquez y Mazo, donde sólo la rotura del puente de Piedra nos habla de conflicto (ver imagen).

La mala gestión en todos los campos militares, políticos, económicos, estratégicos...) de los monarcas (bancarrota de Felipe II en 1596), expulsión de los moriscos en 1609 y 1610), malas cosechas, epidemias...guerra de secesión  catalana...supuso un tetroceso en la vida cotidiana de la población aragonesa y zaragozana. 

En un plano más positivo, Zaragoza siguió manteniendo su señorío sobre amplias zonas de esta provincia y de la de Huesca, y las sedes de las instituciones más representativas de la Corona. Era también centro religioso del reino con su sede arzobispal y del tribunal de la Inquisición. Junto con el clero, seguía siendo la nobleza el estamento más favorecido a la hora de ocupar los cargos representativos, conformando una élite de la que también formaban parte ciertos ciudadanos que, sin ser nobles, poseían riqueza y prestigio suficientes para acceder a las altas clases de la sociedad, de lo que hacían ostentoso alarde. El resto de la población, el estado llano, lo componía un numeroso y variopinto conjunto de más de cinco mil personas dedicadas a actividades diversas.

La fisonomía de la ciudad en esta centuria es heredera del siglo anterior, si bien con cierto deterioro de su caserío y sus viales, la pérdida de la funcionalidad defensiva de la muralla, y escasas modificaciones en su trazado interno, como la apertura de la calle San Gil. Un aspecto más destacado adquirió el perfil de Zaragoza con la construcción de numerosos edificios, sobre todo iglesias y conventos que se erigieron -o modificaron- en esta etapa. Esta proliferación religiosa obedecía a un considerable aumento del fervor de los ciudadanos, cuya situación de penuria se volcó en la devoción a los santos y a las vírgenes, en especial a la Virgen del Pilar.

En cuanto a las bellas artes, el siglo XVII fue el siglo del barroco, llamado también "el arte de lo religioso". Muchas iglesias y conventos se construyeron bajo los recargados y movidos diseños de este estilo, siendo minoritarios los edificios civiles. De titularidad noble fue el palacio conocido hoy como de Argillo, antes del marqués de Villaverde, en el cuya obra intervino Felipe de Busiñac y Borbón a partir de 1661. Al ámbito eclesiástico pertenecen, entre otros, la Iglesia de Santiago el Mayor, la de Santa Isabel de Portugal (San Cayetano), la torre de La Seo, o la Basílica del Pilar (cuya primera piedra se puso en 1681), y conventos como los de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa (Las Fecetas) o San Agustín.

En lo referente a la economía urbana cabe destacar la compleja evolución de las normativas de los gremios, llamadas ordinaciones, que regularon con gran detalle las actividades comerciales, sobre todo las textiles. En su conjunto la producción de la ciudad en este siglo es muy amplia; además de los textiles encontramos la madera, la construcción, la piel, el metal o la cera. A esto se unía la producción agropecuaria y, en el ámbito cultural, destacamos la continuidad de la imprenta. Los Jurados de la Ciudad establecían un riguroso control sobre los movimientos de productos, con prohibiciones, como la de abrir puertas en la muralla (por lo que en 1606 el Convento de San Agustín recibió un veto expreso), o con obligaciones, como realizar la venta de determinadas mercancías en lugares estipulados.

SAN PEDROS

En los años de la postguerra, según las órdenes cursadas por el Ministerio de Educación y Descanso,  el día de San Pedro era uno de los días  de las fiestas de guardar, además de  los domingos.
Coincidía este día con tiempo de enormes tormentas, con  nubes blancas y negras que salían de detrás del Moncayo, y que solían descargar pedregadas.
Dado que sobre el día de San  Juan se habían arrancado y  "estorronado"  los ajos, y después de dos día de solana, habían sido repasados y engavillados, mantenerlos en el campo era una temeridad, ya que de caer granizo, o simplemente llover, destrozaban o ennegrecían las cabezas de tan valiosa cosecha.
Los “ajeros”, a pesar del castigo que se les imponía si los cogía la guardia civil, salían con su carro al campo a acarrear y poner los ajos a buen recaudo. Lo solían hacer en cuadrilla, y de madrugada, para acabar la faena lo antes posible. Mientras solamente un arriero conducía el carro hacía el pueblo, el resto se dispersaba por los campos de manera camuflada para no ser vistos.
La guardia civil también salía al campo ese día, pero “de caza”. De caza de todo ajero que se saltase el “descanso”.  Arriero que cogían, multa que le ponían, aparte de la bronca previa, el reproche por  trabajar “en un día festivo”y alguna ostia dispersa. Así eran aquellos San Pedros.

(Colab. B.S.)