INTERROGANTES
Todo lo que siempre quiso preguntar sobre el nacionalismo catalán y español y nunca se atrevió a saber.
http://www.lamarea.com/2016/01/19/por-que/
(Colab. JMTP).
http://www.lamarea.com/2016/01/19/por-que/
(Colab. JMTP).
DEL JALÓN A LA PATAGONIA (by B.S.) -Parte 7, final-
Con la
satisfacción de haber cumplido nuestro primer objetivo, volvimos a Puerto
Madryn.
Llegó el
domingo, segundo y último día. Nos quedaba por cumplir el segundo objetivo.
Dicho objetivo
lo cumplimos sobre el mediodía. Resulta que un nieto de la bardallurana Modesta
Gil Ramos, hijo de su hija Pabla, había marchado hacía muchos años a trabajar a
Puerto Madryn donde formó una familia. Si bien él, Juan Carlos, murió bastante
joven, en Puerto Madryn quedaron su viuda, Estela y sus hijos Juan, Paula y
Angie.
Fue Juan
quien, sabedor del encuentro de la familia española y argentina, había mostrado
en nombre de su madre y hermanas, sus
deseos de conocernos cuando se diera la oportunidad. Kuky y Roberto ya los
conocían por los viajes que éstos habían hecho a San Rafael en alguna ocasión
aunque hacía bastantes años que eso había ocurrido.
Con nuestro
viaje a Argentina fue cuando sopesamos la conveniencia de citarlos en San
Rafael o ir a visitarlos nosotros. Los cuatro decidimos que era mejor ir nosotros, ya que así podríamos ver y conocer a todos los familiares de Puerto Madryn,
pues los tres bisnietos están casados y tienen hijos.
Juan, su madre
Estela y su esposa Paola, junto con sus hijos y un hijo de Angie nos estaban
esperando en su casa. En su casa nos acogieron entrañablemente. Y para que
conociéramos a la familia de Paula también habían organizado en casa de ella la
comida. En casa de Paula fuimos recibidos por ella, su esposo y sus dos hijos y
allí nos reunimos todos, seis de casa de Juan más el niño de Angie. Angie
acababa de alumbrar a su segundo hijo y se encontraba en el hospital acompañada
de su esposo. Nosotros cuatro mas los cuatro de la casa anfitriona. Total
quince personas.
El asado
argentino de cordero patagónico y de vaca argentina estaba riquísimo. Lo
mismo los distintos tipos de guarnición que lo acompañaban. Igualmente los
vinos, los helados y los distintos postres.
Como el
encuentro fue emocionante y el ambiente creado inolvidable, todo ello unido al
cariño que mayores y niños nos dispensaron, hizo que nuestro segundo objetivo
se cumpliera a plena satisfacción. Tanta como la que sentimos desde entonces al
recordar a todos los familiares de Puerto Madryn que, como Kuky y yo, y la
familia de San Rafael y Bardallur,
llevamos mezclada la misma sangre
y genes.
El lunes
iniciamos la vuelta. 1395 kms teníamos por delante. Como el coche y el
conductor ya estaban rodados, salimos a las cinco de la mañana, y parando en
cuantas YPF fue necesario, en Cipolletti para comer y comprar cerezas,
llegábamos a las 10 de la noche a San Rafael en una única jornada, después de
soportar una gran tormenta de agua y relámpagos, pero con la satisfacción del
deber cumplido.
Benito y
Josefina.
ESTRUJA TU MENTE
En un país desconocido y en un tiempo impreciso se estaba urdiendo una conspiración. Todos los conjurados acudieron al lugar de la reunión emboscados, envueltos en una capa y un sombrero de ala ancha. Cerca de allí, un espía del rey, apostado e igualmente emboscado observa y escucha desde la oscuridad.
Llegó el primer conspirador, llamó a la puerta y el guardián le dijo: “Cinco”. El conspirador respondió: “Cinco”, y a continuación se abrió a puerta.
El segundo conjurado oyó decir al guardián: “Dos”, y respondió: “Tres”, y se abrió la puerta.
El tercer conspirador oyó decir al guardián: “Cuatro”, a lo que respondió: “Seis”, y entró.
Cuando llegó el turno del espía, éste oyó: “Ocho”.
¿Qué debió contestar el espía para que el guardián le abriera la puerta?
MERCADO DE CÁDIZ (2)
MERCADO DE CÁDIZ (1)
Puesto exterior del mercado donde se vende: laurel -en la pared-, ajos, cardillos, palmitos, tagarninas enteras o troceadas -bolsas-, espárragos trigueros silvestres, granadas, nueces y hierbas aromáticas de la sierra gaditana.
Los cabrachos son muy fijones.
HISTORIA DE ESPAÑA
La hija maltratada de Juana «La Loca», una Cenicienta en la Monarquía
Catalina de Austria vivió 17 años junto a su madre trastornada bajo un régimen de vejaciones y maltrato físico en su jaula de oro de Tordesillas.
(Imagen -1552-1553- del retrato de Antonio Moro de Catalina de Austria, esposa de Juan III de Portugal).
BUÑUEL Y LA RESIDENCIA (7)
(Sic) Mi padre -en la imagen- murió en 1923.
Recibí un telegrama de Zaragoza que decía: Papá gravísimo. Ven inmediatamente. Aún pude verlo vivo, muy débil (murió de pulmonía), y le dije que había ido a la provincia de Zaragoza para hacer unos estudios entomológicos sobre el terreno. Él me pidió que fuera bueno con mi madre y murió cuatro horas después (...) -algo similar me pasó a mí cuando mi padre murió, recibí una llamada de mi hermano Joaquín y enseguida (unas 9 horas-) me personé en el hospital universitario de Zaragoza para ver, casi por última vez, a mi padre, aunque él ya no pudo decirme nada de lo malito que estaba-.
Todos se acostaron y yo me quedé solo velándolo. Un primo nuestro, José Amorós, llegaba en el tren de la una de la madrugada. Yo había bebido mucho coñac y, sentado al lado de la cama me parecía ver respirar a mi padre. Salí al balcón a fumar un cigarrillo mientras esperaba que llegara el coche que había ido a la estación a recoger a mi primo -estábamos en mayo y el aire olía a acacias en flor- cuando, de repente, oí un ruido en el comedor, como una silla que golpeara la pared. Volví la cabeza y vi a mi padre de pie, con gesto amenazador y las manos extendidas hacia mí. Aquella alucinación -la única que he tenido en mi vida- duró unos diez segundos y se desvaneció. Me fui al cuarto donde dormían los criados y me acosté con ellos. En realidad, no tenía miedo, sabía que había sido una alucinación, pero no quería estar solo.
El entierro fue al día siguiente. Al otro día dormí en la cama en que había muerto mi padre. Por precaución, puse su revólver -muy bonito, con sus iniciales en oro y nácar- debajo de la almohada para disparar sobre el espectro si se presentaba. Pero no volvió.
Aquella fue una fecha decisiva para mí. Mi viejo amigo Mantecón todavía recuerda que, a los pocos días, me puse las botas de mi padree, abrí su escritorio y empecé a fumar sus habanos. Había asumido, la jefatura de la familia. Mi madre tenía apenas cuarenta años. Poco después, me compré un coche: "Un Renault".
De no ser por la muerte de mi padre, tal vez me hubiera quedado más tiempo en Madrid. Acababa de licenciarme en Filosofía y no tenía intención de hacer el doctorado. Quería marcharme a toda costa y solo esperaba la ocasión.
Esta se presentó en 1925.
Recibí un telegrama de Zaragoza que decía: Papá gravísimo. Ven inmediatamente. Aún pude verlo vivo, muy débil (murió de pulmonía), y le dije que había ido a la provincia de Zaragoza para hacer unos estudios entomológicos sobre el terreno. Él me pidió que fuera bueno con mi madre y murió cuatro horas después (...) -algo similar me pasó a mí cuando mi padre murió, recibí una llamada de mi hermano Joaquín y enseguida (unas 9 horas-) me personé en el hospital universitario de Zaragoza para ver, casi por última vez, a mi padre, aunque él ya no pudo decirme nada de lo malito que estaba-.
Todos se acostaron y yo me quedé solo velándolo. Un primo nuestro, José Amorós, llegaba en el tren de la una de la madrugada. Yo había bebido mucho coñac y, sentado al lado de la cama me parecía ver respirar a mi padre. Salí al balcón a fumar un cigarrillo mientras esperaba que llegara el coche que había ido a la estación a recoger a mi primo -estábamos en mayo y el aire olía a acacias en flor- cuando, de repente, oí un ruido en el comedor, como una silla que golpeara la pared. Volví la cabeza y vi a mi padre de pie, con gesto amenazador y las manos extendidas hacia mí. Aquella alucinación -la única que he tenido en mi vida- duró unos diez segundos y se desvaneció. Me fui al cuarto donde dormían los criados y me acosté con ellos. En realidad, no tenía miedo, sabía que había sido una alucinación, pero no quería estar solo.
El entierro fue al día siguiente. Al otro día dormí en la cama en que había muerto mi padre. Por precaución, puse su revólver -muy bonito, con sus iniciales en oro y nácar- debajo de la almohada para disparar sobre el espectro si se presentaba. Pero no volvió.
Aquella fue una fecha decisiva para mí. Mi viejo amigo Mantecón todavía recuerda que, a los pocos días, me puse las botas de mi padree, abrí su escritorio y empecé a fumar sus habanos. Había asumido, la jefatura de la familia. Mi madre tenía apenas cuarenta años. Poco después, me compré un coche: "Un Renault".
De no ser por la muerte de mi padre, tal vez me hubiera quedado más tiempo en Madrid. Acababa de licenciarme en Filosofía y no tenía intención de hacer el doctorado. Quería marcharme a toda costa y solo esperaba la ocasión.
Esta se presentó en 1925.
DEL JALÓN A LA PATAGONIA (by B.S.) -Parte 6-
Era lugar
adecuado para usar los baños y contemplar un pequeño museo faunistíco de la
zona. Zorros, ñandús (avestruces) liebres patagónicas, vizcachas, serpientes, aves, etc.
De nuevo en el
autocar proseguimos, siempre con las amenas explicaciones del guía y el repique de las piedrecitas en los bajos del
vehículo. Al pasar próximos al Golfo de San José, el guía nos hizo observar una
pequeña isla que había en medio. Nos dijo que vista la isla desde un avión
parecía que una boa se tragara un elefante. Esa imagen es la que el
experimentado piloto Antoine de Saint
Exupéry describió en su libro “El Principito”. Pronto llegamos a Punta Norte.
Allí, desde una cierta altura, vimos a los elefantes marinos tomando sus
sesiones de rayos solares y, de vez en cuando, arrastrándose poco a poco hasta
meterse en el agua.
Después nos
condujeron a la Caleta Valdés y allí pudimos ver y hasta casi tocar a los
pingüinos magallanicos que, con cara angelical caminaban unos o empollaban
(incubaban) un huevo otros. Al otro lado
de la cala, numerosos lobos de mar entraban o salían del mar. Por suerte para
ellos, ese día, al menos en el tiempo que nosotros los contemplamos, ninguna
orca los atacó como parece ocurre muchas veces.
Ya se hacía
medio día cuando nos llevaron a Puerto Pirámides en el Golfo Nuevo. Se nos dijo
que debíamos aprovechar para almorzar ya que el estado de la mar había
aconsejado no embarcar aquella mañana para ver las ballenas. No obstante se nos
informó de que para las cuatro de la tarde se pronosticaba poder navegar e
ir al avistamiento.
Comimos,
tomamos café y sobre las cuatro de la tarde ya nos colocaron el chaleco
salvavidas y nos encaminamos a la embarcación. Más que un barco era una lancha
posicionada en un transportín metálico enganchada con un timón largo a un
tractor-oruga. Cuando hubimos subido comenzó a rodar el tractor en dirección al
mar y cuando la lancha comenzó a flotar se soltaron los artilugios que la
amarraban. El tractor salio del agua y nuestra lancha zarpó por el Golfo Nuevo
hacia donde los cuatro miembros de la tripulación (capitán, ayudante,
fotógrafo-guía en castellano y guía en inglés) sabían que estaban las ballenas.
En un momento
dado, en uno de los costados de la lancha apareció lo que creímos era una
ballena. La tripulación nos dijo que se trataba del ballenato el cual había
nacido en aquel lugar y al que la
ballena madre estaba alimentando con 250 litros de leche diarios. Nos dijeron
que la ballena saldría mas tarde ya que tiene más capacidad de mantenerse más
tiempo dentro del agua. Efectivamente, salió la ballena. Era una cosa enorme
que tras respirar volvió a esconderse dentro del agua. Según el guía, cuando
llegan en mayo las ballenas pesan unas 50 toneladas. Unas llegan embarazadas y
otras buscando el apareamiento. Las que buscar “amor” no se contentan con un
solo macho sino que ponen en actividad a varios, incluso hasta catorce algunas
veces. Las que vienen a parir, lo hacen y desde que alumbran a su hijo se dedican
completamente a su crianza sin comer nada en absoluto rebajando su peso a la
mitad, esto es, a 25 toneladas. El ballenato no mama. Simplemente da un
cabezazo en el vientre a su madre y ésta abre unas glándulas por las que
expulsa la leche en forma de bola en un estado tan espeso que se mantiene sin
disolverse en el agua hasta que es alcanzada la bola y tragada por el ballenato.
La lancha se
acercaba a las ballenas que salían a respirar y estas ni se inmutaban. Así una
tras otra. Veríamos seis o siete y eso que ya se habían marchado algunas pues
para finales de diciembre todo más lo hace la totalidad.
Ya se ponía el
sol cuando volvimos a tierra donde el mismo tractor nos esperaba metido en el
agua.
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